martes, 3 de junio de 2008

Envuélvete!

En el corazón de la ciudad viven miles de corazones.
Corazones que laten.

Sangre que viaja,
que parte,
se aleja,
da, recibe,
vuelve
una y otra vez.

Dentro de los cuerpos los corazones suenan como una gran batucada
y la sangre danza a su ritmo.

Todo esto ocurre en silencio, en el corazón de la ciudad, que hace ruido, mucho ruido.

Con tanta confusión del exterior es difícil oir el latido interno, el palpitar del otro.
Y los corazones se sienten sólos en el corazón de la ciudad, rodeados de miles de corazones.


¿Qué ocurriría si fuéramos caminando y al cruzar la mirada con alguien nuestros cuerpos se pararan inevitablemente para permitir el encuentro entre los ojos?¿ que ocurriría si fuera imposible escapara de la mirada?
Simplemente porque los ojos se reconocen en otros ojos. Porque los ojos anhelan encontrarse.
Saben que cayendo por la pupila encuentran al corazón del otro…

Y si no hay ojos entonces hay manos, narices, orejas …
¡el cuerpo entero!

Y al llegar al corazón del otro tal vez nos daríamos cuenta de que nuestros corazones se parecen:
son rojos, a veces llenos, otras vacíos y se estremencen por todo.
Tal vez nos diéramos cuenta de que hemos llegado a nuestro propio corazón.


Hay latidos por todas partes:
el propio, el de todos los seres vivos,
el latido de la tierra,
de los océanos,
de las estrellas naciendo y muriendo.


¿Imaginas tener la capacidad de escuchar todos estos latidos cuando te sientas sólo?
Imagina poder escucharlos todos, como una canción de cuna. Envueltos en este arrullo podríamos descansar y algo nuevo brotaría de nuestro corazón.
Tal vez los hilos que nos tejieran, que nos conectaran.
Imagina una gran tela de araña donde poder caer, impulsarte, saltar, llegar a tocar lo que sól@ sería imposible lograr.

No estamos sólos, hay latidos por todas partes:
el propio, el de todos los seres vivos,
el latido de la tierra,
de los océanos,
de las estrellas naciendo y muriendo.


Ven, ven, ven,
déjate envolver.

Eli

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